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Volver a empezar



Mía Rose











Los ojos siempre, siempre le pertenecen a la persona que los hace brillar”.

Frida Kahlo.











Sinopsis



A veces la vida no es el mundo de color de rosas que nos imaginamos, a veces el amor no es ese bello cuento, donde un príncipe azul viene a rescatar a la princesa atrapada en la torre, custodiada por un temido dragón; a veces la única solución a todo el sufrimiento es ser fuerte y volver a empezar. Emily tiene que encontrar el valor para dejar atrás todo el sufrimiento y el maltrato físico por parte de su esposo. ¿Pero que hay después de dar ese gran salto? ¿Cómo seguir adelante en un mundo que hasta ahora para ella era desconocido?

Acompaña a nuestra protagonista a descubrir si existe el amor, después del dolor….













Capítulo 1



Emily estaba al borde de las lágrimas, había escapado de su casa a causa de que su esposo en uno de sus arranques de borrachera le había golpeado y amenazado con llevarse lo más valioso que tenía en su vida, su pequeña hija la cual apenas acababa de cumplir tres años. La pequeña que en esos instantes dormía profundamente en brazos de su madre cubierta por una frazada ligera que la protegía del frío, no sabía a donde se dirigían, ni qué era lo que tenía que hacer para darle techo y comida a su pequeña, pero ya no soportaba seguir viviendo en ese infierno al que ella llamaba matrimonio.

Cuando su marido llegó ese día y la golpeó, lo único que pudo pensar fue en salir corriendo cuanto antes de ese martirio, por eso tomó la poca ropa que poseía colocándola en una mochila, y algunas cosas de uso para su pequeña, guardó el poco dinero que había ahorrado, que lamentablemente no era demasiado, estaba segura que no le iba a alcanzar ni siquiera para pagar una habitación en un hotel.

Estaba a punto de anochecer y el cielo amenazaba con soltar una gran tormenta, sintió que todas sus esfuerzos la abandonaban y se sentó en la entrada de una casa donde había un pequeño toldo, si llovía por lo menos le permitiría cubrirse un poco para que no se mojara, acariciando el rostro de su pequeña hija dejó correr las lágrimas que llevaban amenazando con salir desde que cruzo las puertas del que por cuatro años había sido su hogar. Para su mala suerte pronto se soltó la tormenta y acercó todo lo que fue posible a su pequeña contra su pecho, para brindarle calor. Mientras la niña se removía entre sus brazos, Emily contemplaba su dulce rostro para susurrarle:

—Duerme mi amor, mami te cuida dijo mientras las lágrimas corrían por su rostro, Emily acariciaba el suave cabello rizado de la pequeña—.Todo va estar bien princesa ya nadie podrá hacernos ningún daño.

En ese momento la pequeña abrió sus ojos y sonrió a su mamá cuando un relámpago cayó haciendo un sonoro ruido el cual espanto a la pequeña haciendo que ambas se abrazaran con fuerza.

—Mami tengo miedo.

— No pasa nada cariño sólo es un relámpago. ¿Recuerdas para qué son los relámpagos mi amor?

Su hija era hermosa, con el rostro cual muñequita de porcelana, su cabello rizado era de color castaño claro, tenía unos preciosos ojos color marrón, con labios y pómulos sonrosados. La pequeña negó con la cabecita, en su carita se veía claramente que estaba muy asustada.

—Recuerda cariño, los relámpagos son para que las señoras que lavaron ropa se den cuenta de que va llover y la guarden antes de que se mojé mi amor, no tienes por qué tener miedo yo estoy aquí y yo te cuido. Besó con mucha ternura su frente y la niña sonrió. Emily con toda la fuerza del mundo contuvo las lágrimas para que su pequeña no se preocupara; aún tenía muchos problemas por resolver y por nada del mundo quería que su hija la notara derrotada.

—Si mamá yo también te cuido —la pequeña se abrazó a su almohada de dibujos infantiles—, pero mamá creo que ya tengo hambre.

Emily tuvo que tragarse el nudo que se le había formado en la garganta, en todo el día su hija sólo había tomado dos porciones de leche y unas manzanas que compró en una tienda de autoservicio, aún le quedaban unas barritas de cereal pero sabía que su hija necesitaba alimentarse bien; no era justo que por los errores de los adultos ella tuviera que sufrir carencias y para colmo de males no tenía ni la menor idea de donde iban a pasar la noche. La tormenta no daba señas de querer desistir y Emily sólo podía pensar que en esos momentos desearía que su vida fuera diferente, desearía no haberse enamorado como una tonta, al igual que desearía no haber soportado tantos maltratos por parte de su marido, pero esos deseos eran imposibles, ya no había marcha atrás, tenía que procurar el bienestar de su hija. «Lo lograría, así se le fuera la vida en ello » pensó mientras veía la lluvia torrencial caer.

Sacó una barrita de cereal para que la pequeña comiera, de hecho su mismo estomago comenzó a protestar; ella también llevaba todo el día sin probar alimento, de manera que por momentos sentía que su cuerpo ya le estaba pasando la factura.

—Mira amor, come esta barrita de cereal para que no tengas hambre.

La pequeña la tomó entre sus manos devorándola con ansias, bebió un poco de leche para después abrazar a su mamá mientras esperaban que pasará la lluvia, justó cuando la tormenta estaba en su punto más fuerte pasó un coche demasiado cerca de la banqueta mojándolas completamente.

— ¡¡Dios mío no puede ser!! Ahora estamos mojadas—atrajo más a su pequeña para brindarle calor aunque era una tarea imposible cuando ella estaba completamente mojada.

—Mami tengo fríola pequeña castañeaba los dientes por el frío, nunca en la vida pensó que tendría tan mala suerte. El día por momentos comenzaba a parecer más obscuro.

—Tranquila mi amor no pasa nada ahorita te abrazo y el frío se pasa, quieres que cantemos una canción—tratando de cobijar lo más que le permitía la pequeña cobija, la estrechó entre sus brazos pero nada era suficiente para calentar sus cuerpos.

—Sí—besó la frente de su hija y comenzó a buscar una canción para cantar.

—Qué te parece si cantamos la de las gotas de lluvia de Barnie.

—Sí— empezaron a cantar, incluso aunque sus dientes castañearan—si las gotas de lluvia, fueran de caramelo, me encantaría estar ahí, abriendo la boca para saborear—cantaron tratando de no pensar en todos los problemas que les esperaban o por lo menos lo intentaron.

Pero tal parecía que la mala suerte las acompañaba en todo momento, la tormenta no cesaba y la noche comenzaba a caer, la pequeña Sophia comenzaba a inquietarse mientras Emily sentía que las fuerzas amenazaban con abandonarla, estaba decidida a dormir bajo ese techo si fuera necesario, todo con tal de estar a salvo y lejos de las garras de su marido, ya vendrán tiempos mejores se decía una y otra vez tratando de convencerse a sí misma; para no caer a llorar frente a su hija.

Cuando un estruendoso trueno acompañado de un relámpago las asustó, ambas gritaron abrazándose mientras la pequeña comenzaba a llorar, y Emily no podía culparla, era obvio que extrañaba su casa, necesitaba el calor y la protección de su hogar. Emily no sabía qué hacer, quería desaparecer con su hija y que nunca la separaran de ella; pero a estas alturas ya se estaba arrepintiendo de haber salido de esa manera de ese infierno llamado hogar. Tal vez si lo hubiera planeado mejor ¡¡pero no!! No podía seguir soportándolo más, aún le dolía el labio que tenía amoratado a causa del puñetazo que le propinó su marido, por no hablar de las costillas adoloridas que tenía a causa de las patadas que le dio en cuando la tiró al piso, sin querer una lágrima bajó por su mejilla y los pequeños dedos de su pequeña se la limpiaron.

—No llores mami, sólo es la lluvia—Emily sonrió y besó a su hija en la frente

—No te preocupes cariño no estoy llorando es aun basurita que me entró en el ojo.

Estaban tan asustadas que no se percataron que a tres casas de donde se encontraban, salió una señora de unos cincuenta años, pelo negro, de piel blanca, bajita y de complexión delgada, la cual sonriendo se acercó a ellas saludándolas.

—Hola, ¿pero qué hacen aquí con esta tormenta?—dijo la señora sonriendo cubriéndose del frío—, soy Susan. —Le tendió la mano a Emily y ella se levantó para presentarse devolviendo la sonrisa forzadamente.

—Hola me llamo Emily y mi pequeña Sophia.

Observaron como la pequeña se aferraba a su almohada como si fuera su escudo protector.

—Hola Sophia eres preciosa—le dio la mano a la pequeña—por qué no pasan a mi casa para resguardarse de la tormenta, en cuanto se detenga un poco podrán tomar algún transporte que las llevé a su hogar.

— ¿En serio?—preguntó sorprendida, por cómo estaba la situación de seguridad, dudaba que alguien las ayudara—la verdad es que me gustaría mucho cambiarnos ya que un coche nos mojó hace un rato cuando paso a toda velocidad

Susan asintió con la cabeza mostrándole una sincera sonrisa. —Claro hija, vamos a entrar en la casa para que no les haga daño estar aquí con tanto frío.

Sonrió llevando a su pequeña en brazos y su mochila a la espalda, siguieron a Susan a la entrada de su casa, aunque sabía que no debía entrar a una casa desconocida por seguridad; las circunstancias la obligaban. El frío estaba comenzando aumentar y corría el riesgo de que se enfermara su pequeña y eso no lo podía permitir, antes correría el riesgo de entrar a la casa de la amable señora, quien sin impórtale quienes eran les estaba brindando un refugio de la tormenta.























Capítulo 2

Al entrar en la casa con su pequeña en brazos Emily se quedó asombrada, a pesar de ser una casa pequeña de dos pisos era demasiado acogedora. Poseía todas las características que un verdadero hogar necesita, a simple vista se notaba como desprendía amor y cariño dentro de las cuatro paredes, Emily sólo pudo agradecer a quien fuera que estuviera arriba, cualquier poder místico y sobrenatural que le brindó la oportunidad de encontrar refugio, aunque sólo fuera por una horas, pero de esa manera su pequeña hija no tendría que estar bajo la tormenta.

Emily pensó que aquella casa era digna de una postal navideña con luces, la sala de estar, aunque era muy pequeña contaba con un juego de sillones de dos plazas y un sillón frente a un gran mueble donde se encontraba una televisión, así como un pequeño aparato de sonido, bajo una mesa esquinera había una pequeña cesta con madejas de hilo para tejer de diferentes colores, Emily supuso eran de Susan, también contaban con una pequeña mesa de centro decorada con unas figuras de barro bajo un cristal y una hermosa maceta con unas orquídeas color blanco.

Susan las hizo acomodarse en la sala y les prestó unas toallas para que pudieran secarse un poco. —Toma querida será mejor que se sequen para entrar en calor—la mirada de la señora tenía cierto destello de compasión, que Emily no supo cómo interpretar.

—Muchas gracias Susan, de verdad no tengo con que pagar esto que está haciendo por nosotras— forzando una sonrisa se dispuso a secar el cabello de su pequeña para poder cambiarla. Aunque sabía que los moretones de su rostro saltaban a simple vista Emily estaba muy agradecida porque la amable señora no le cuestionaba sobre que le había pasado, si bien la miraba con pena, también había en sus ojos un cierto destello de empatía.

—No es nada querida, ¿llevas mucho tiempo afuera esperando a que pasé la tormenta?—Emily bajó la mirada al suelo pues no sabía que contestarle a la señora.

—Sólo un poco, bueno la verdad es que desde que comenzó—Susan sonrió con dulzura y para su alivio no preguntó nada más.

—Bueno, se pueden cambiar en el baño de visitas que está bajo la escalera si les parece bien, yo iré a prepararnos un té para que puedan entrar en calor.

—Muchas gracias, no me gustaría incomodar demasiado

—Tranquila cariño, no pasa nada, por el momento estoy sola, aunque en un rato más llegaran mis hijos y mi esposo.

—Oh, espero de verdad no molestar a nadie —exclamó con cierta preocupación, la verdad es que no le gustaría salir de ahí con la tormenta como estaba.

—Claro que no, bien ahora a cambiarse y Sophia ¿te apetecería un poco de leche con chocolate caliente?

A la pequeña le brillaron sus pequeños ojitos, mientras se pasaba una mano frotándose el estómago, ya era hora de la merienda y ese día no habían comido como debería de ser.

—Sí —la pequeña que en todo ese día no había tenido una sola alegría por fin tenía un poco de tranquilidad y calor de hogar. —creo que mi pancita otra vez tiene mucha hambre.

—De acuerdo cariño es hora de cambiarse, las estaré esperando en la cocina ¿está bien? Aún sigo preparando la cena—las dos se dirigieron al baño con la mochila y sacaron ropa seca con la que se cambiaron, al instante sintieron alivio al entrar en calor. Regresaron a la cocina en busca de Susan quien ya les tenía preparada una taza de té para ella y otra de chocolate caliente para la pequeña con unos deliciosos roles de canela.

—Bien cariño tomen este refrigerio, después las invito a cenar en cuanto llegué mi familia—les dijo mientras se acercaba a lo que parecía una estufa eléctrica, la cocina era de tamaño mediano pero equipada con todo lo necesario para realizar una gran comida.

—No se moleste Susan, realmente no quisiéramos causar problemas nos iremos en cuanto se pase la lluvia.

Emily miraba a su pequeña que tomaba con gusto otro rol de canela y lo mojaba en su chocolate caliente, en ese momento supo que no le iba a alcanzar la vida para agradecerle a Susan ese gran gesto que tenía con ellas.

—Claro que no querida, por lo visto la lluvia no va a parar hasta mañana, espero no ser indiscreta pero ¿no tienes dónde quedarte verdad?—preguntó con un tono cauteloso.

—Me da mucha pena con usted pero es verdad, por hoy… —bajó la vista a Sophia que seguía degustando su merienda y habló en un tono más bajo—no tengo la menor idea de donde pasar la noche, estaba tan desesperada por salir de nuestra casa que no me detuve a pensar las cosas.

—Bien, no te preocupes querida tengo una habitación desocupada en la parte del fondo es pequeña pero creo que les servirá de maravilla, si es que les gustaría quedarse aquí a pasar la noche.

—Espero que no crea que soy una mala persona, no voy por ahí abusando de la generosidad de las personas, si no fuera porque las circunstancias me obligaron, no estaría aquí sin saber a dónde ir, pero me encantaría si nos pudieran brindar un sitio para pasar la noche, no tiene que ser una recamara, con lo que nos puedan ofrecer estaríamos más que agradecidas.

—Está bien querida, no te preocupes esa habitación tiene muchos años que no la ocupamos, yo estoy encantada de que pasen la noche aquí; es muy peligroso que camines por las calles con tu pequeña, además así podemos platicar un poco, pasó todo el día aquí sola, mi familia sale a trabajar mientras yo espero aquí ocupándome de la casa, pero en realidad me aburró demasiado en el día, así que esta compañía me viene de maravilla—volvió la mirada a la pequeña —además en cuanto instalemos a Sophia en la habitación espero te apetezca que charlemos un poco.—Emily simplemente quería saltar de alegría, no se veía todos los días que alguien ayudara a otra persona desinteresadamente.

—Claro que sí, permítame ayudarla con la cena y… —se retorció las manos inquieta—no tengo dinero para pagarle que nos permita dormir aquí, pero mañana yo le limpiaré toda la casa para retribuir a su generosidad.

Susan la miró con un destello maternal, después de merendar les enseñó su habitación e instalaron a Sophia en la cama para que descansara un poco, la pequeña estaba demasiado agotada así que se durmió después de merendar una gran porción, Emily decidió acompañar a Susan a la cocina y ayudarle a preparar todo para cuando su familia llegará, poco a poco fue relatándole su vida y el motivo de porque había huido de su casa mientras entre las dos se hacían cargo de preparar diferentes platillos para la familia.

Le contó todo sobre el padre de Sophia, de cómo la maltrataba física y psicológicamente, cómo había sufrido y lo desesperada que se encontraba por salir de ahí con su pequeña en brazos. Mientras le relataba partes de su historia con su marido, notó que a Susan se le llenaron los ojos de lágrimas y se sintió terrible por eso, sabía que también ella cargaba un gran pesar, lo podía ver en sus ojos, a pesar de todo Susan sólo escuchaba mientras sonreía sin hacer ningún cuestionamiento, como si comprendiera perfectamente su situación.

—Siento mucho que pasaras por esto querida—le tomó de las manos como gesto de apoyo—y siento más que tu pequeña tenga que pasar por esta situación también, pero no te preocupes en cuanto llegué mi familia les diré que te quedaras con nosotros en lo que encuentras una solución. ¿Qué te parece?

Sabía que no podía abusar de su generosidad, pero estaba tan desesperada, era magnifico contar con el apoyo de una persona que sorprendentemente, la había conocido apenas horas atrás, sólo rogaba para que las mujeres que se encontraban en la misma situación de ella encontraran a personas como Susan en su camino.

—Eso de verdad me encantaría, pero realmente no quiero incomodar, es usted muy amable. No tengo con que pagarle tantas atenciones, incluso siento pena solo de pensar en que estoy invadiendo su espacio.

—Me lo pagaras cuando puedas querida, no te preocupes ya sabes el dicho donde como una comen dos, y bueno aquí comeremos seis y mi familia estará gustosa de recibirlas, ya lo veras.

Media hora más tarde llegaban a su hogar el esposo de Susan, que era un hombre que debía rondar los cincuenta años, era alto y muy guapo a pesar de su edad, se conservaba en buena forma, tenía unos ojos azul cielo muy bonitos, su cabello era rubio, piel clara y un aura que a Emily le hizo confiar en él de la misma manera que confiaba en Susan, con él venía su hija; una chica de unos veinticuatro años, era muy bonita, no era alta pero tampoco era bajita tenía la estatura ideal para una chica de su edad, aunque prácticamente podía jurar que eran de la misma edad con ella, las mellas de su matrimonio al igual que el hecho de ser madre le habían costado un poco físicamente, la chica tenía el cabello castaño ligeramente ondulado, tenía los ojos de su papá, piel blanca, y un cuerpo que Emily le daba un poco de envidia, vestía ropa casual, pero a la vez propia de su edad, la cual la hacía ver fantástica, Susan los presentó, padre e hija la recibieron con una gran sonrisa para alivio de Emily.

—Emily él es mi esposo Roger Anderson tiene un pequeño bufete jurídico —el hombre sonrió y le estrechó la mano, vestía de manera formal con traje hecho a la medida.

—Es un placer conocerlo señor Anderson, espero de verdad no causar molestias.

—El placer es mío Emily y claro que no eres una molestia—miró a su esposa con los ojos llenos de amor—me da mucho gusto que mi esposa te invitara a pasar a la casa.

—Querida ella es mi hija Samanta, trabaja con su padre mientras saca la licencia para poder litigar—la chica le regalo una sonrisa que se notaba había heredado de su madre.

—Es un placer Emily espero que te sientas muy cómoda, es agradable tener alguien de mi edad con quien charlar, a todo esto ¿dónde está tu pequeña?, y llámame Sam por favor.

Se estrecharon la mano sonriendo, Emily le contó que Sophia había quedado muy cansada y estaba dormida, pero en cuanto se levantara la presentaría con ellos, ya casi estaban por pasar al comedor cuando llegó una joven muy guapo, si no fuera porque Emily venia huyendo de una relación muy dolorosa el joven le hubiera quitado el aliento. Era alto, rubio, de ojos marrones, su cara tenía facciones de modelo de revista, vestía un traje sastre hecho a la medida en color azul; tenía una sonrisa coqueta de ensueño y una mirada brillante. Susan los presentó, y para su sorpresa era su hijo, se llamaba Ián y tenía veintisiete años; al parecer era un arquitecto y se estaba formando una carrera por sus propios méritos trabajaba en una constructora muy importante de la ciudad y esperaba poder ir escalando posiciones, aunque a Emily le parecía que ese joven fácilmente tenía el mundo en sus manos.

—Mucho gusto Emily es un placer conocerte y compartir la cena contigo. —le dedicó una sonrisa de medio lado demasiado seductora, por un momento le pasó por su mente el pensamiento de que ese hombre era muy guapo, suspiró pensando que ella traía unas pintas de lo más horribles; aunque rápidamente desechó ese pensamiento, ella sólo tenía una meta en su vida, su hija y no debía de perder la cabeza.


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